Tan atrayente, esplendida y sorprendente como de costumbre, la sierra de Castril no defrauda al mortal que se acerque a su valle, a sus cumbres, a sus barrancos... su majestuoso río escapa tumultuoso entre riscas y vegetación buscando el llano. El quebrantahuesos sobrevuela de nuevo la crestería buscando el sitio que siempre le correspondió y nosotros, como si nuestro cuerpo perteneciese a este ambiente pétreo y vertical decidimos acercarnos aquí para bailar la danza del barranquísmo, que aunque reciente y moderno, su origen fuera de la esfera puramente deportiva la podemos encontrar en aquellos hombres de antaño, curtidos por la montaña que deambulaban por las gargantas por motivos de caza, pesca, transportando madera o simplemente para saciar la curiosidad de saber hacia donde viajan esas aguas que se pierden alocadas tras los altos paredones que cierran la garganta.
- El Portillo.
Animados por la idea que teníamos en mente, Chico, Juanito y yo, tras preparar las mochilas enfilamos monte arriba y sin senda aparente para acceder a nuestro primer propósito, el barranco de Tabernillas. Descenso en seco, corto pero vertical que le dará ese toque vertiginoso de grandes rápeles.
En apenas media hora estaríamos en la cabecera con un acceso un tanto peculiar por la escalada obligada que hay que trepar (IIIº). Una vez allí y tras varios resaltes los rápeles son ininterrumpidos destacando el de mayor interés, un rápel de 40 m. (ojo: según la guía de Edu Gómez esta cascada se puede fraccionar en su mitad (10 + 30), pues bien, avisar que la instalación es muy precaria, tan solo una chapa sobre espit un tanto aplastada y junto a esta restos de antiguos casquillos de spit).
Después del gran rápel, el barranco continua con una sucesión de pequeños resaltes en torno a los 15 metros, que decidimos no descender por haber efectuado ya tal vez la zona más interesante, estando en pocos minutos de nuevo en el coche.
- Llegada a la cabecera.
- Juanito en el primer rápel de 10 m.
- Primer rápel desde la recepción.
- Cueva en el estrangulamiento del caos de bloques.
- Accediendo al segundo rápel ayudados de un pasamanos.
- Chico en el R 12.
- Tisoooomaaaa!!!!
- Juanito disfrutando del R 40.
- Bonito circo el que forman las paredes del R 40.
A media mañana y con el Tabernillas en el bolsillo, nos adentramos a la sierra valle arriba para cambiar de tercio, el calor arrecia, dejamos los rápeles altos y secos para darle un giro a esta escapada, más acuática, pero sin dejar de lado la cuerda, ya que dos resaltes de 5 y 8 m. nos obligaran a emplearla en el descenso de "el nacimiento".
Neopreno puesto y con más agua de lo esperado, la belleza y el ambiente virgen y salvaje nos envuelven. Esta pequeña cerrada no nos va a dejar indiferente a ninguno, el abundante caudal y su suelo altamente deslizante nos hará ser más cautelosos. Francamente muy bonito, nos sorprendió más de lo que esperábamos, imagino que sería por el chorro que llevaba.
- Contrastes.
- Chorros y más agua se nos irán uniendo en el corto descenso.
- Disfrutando de las gélidas aguas.
- Montando el R5.
- Chico devorado por el chorro.
- Superando los tumultuosos resaltes.
- En la cabecera del primer R.
- Segundo y último rápel de 8m.
- Juanito aprovecha la canal izda. para evitar el chorro.
- Esto es lo que nos pasaba junto a la línea de rápel.
- Evitando la agitada recepción.
- Hacia aguas tranquilas.
- Agitado y estrecho pasillo hacía el final del descenso.
- Al sol como los lagartos.
Finalizado volvemos para casa, no antes sin parar en la zona para degustar sus magnificas tapas.
